Las cuerdas suenan rítmicamente, la voz viene hacia mi y me eriza la piel, el tango triste que habla de lluvia y duendes soñadores me afloja las lágrimas, como siempre que te pienso.
Imagino tus dedos sobre mi espalda, deslizándose suavemente, llevándome, y vuelvo a oír tu voz diciéndome al oído “sentime”.
Aún tengo tus ojos negros clavados en mí, más no logro descifrar el significado de esa mirada.
Cuando uní mis ojos a los tuyos, una sonrisa nos hermanó, y el calor subió desde mi centro, aturdiéndome.
Estabas allí, acechándome con el asedio de tu mirada, sin embargo… te fuiste.
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